miércoles, julio 15, 2026
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José Leonardo Ardaya: 42 años forjando un legado ganadero en la Chiquitania

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Cabaña Jenecherú, 42 años de historia ganadera/ Foto: Cabaña Jenecherú
Cabaña Jenecherú, 42 años de historia ganadera/ Foto: Cabaña Jenecherú

El propietario de Cabaña Jenecherú convirtió una tradición familiar en un proyecto de mejoramiento genético que hoy acerca toros Nelore de alta calidad a los pequeños productores de la región

Leonardo Ardaya hijo ahora ve todo el tema de genética y tecnología/ Foto: Cabaña Jenecheru
Leonardo Ardaya hijo ahora ve todo el tema de genética y tecnología/ Foto: Cabaña Jenecheru
La familia ha sido fundamental para que el trabajo tenga éxito/ Foto: Cabaña Jencherú
La familia ha sido fundamental para que el trabajo tenga éxito/ Foto: Cabaña Jencherú

Cuatro décadas de trabajo, aprendizaje y compromiso con la producción bovina resumen la trayectoria de José Leonardo Ardaya, propietario de Cabaña Jenecherú, en San Ignacio de Velasco. Su historia refleja la evolución de una ganadería familiar que pasó de la cría tradicional a convertirse en un referente de la genética Nelore en la región chiquitana, siempre con el objetivo de fortalecer la producción de carne y apoyar a los pequeños pecuaristas.

Para Ardaya, la ganadería no fue una elección casual, sino un legado heredado de varias generaciones de su familia, que le inculcaron desde niño el amor por el campo y por una actividad que considera tan noble como desafiante.

«Son 42 años que llevo en la ganadería. Esto nació de una crianza en el campo, porque la gente que me conoce sabe que yo soy de Ignacio de Velasco, y primero mi bisabuelo, después mi abuelo, después mi padre eran ganaderos, entonces uno le tiene cariño, le tiene amor a esta actividad que es muy noble».

Ese vínculo con el campo se consolidó cuando adquirió su primera propiedad, Jenecherú, donde inició con un sistema de cría tradicional. Con el paso de los años, el crecimiento de la empresa fue acompañado por la incorporación de nuevas etapas productivas, como la recría, el engorde a pasto y posteriormente el confinamiento, hasta llegar a la creación de la cabaña.

«Yo hace 42 años tengo mi primera propiedad que se llama precisamente Jenecherú, en donde comenzamos todo. Antes no había cabaña, era ganadería de cría. Y ahí fuimos haciendo las otras actividades, que ya era el engorde a pasto, la recría, después hicimos un confinamiento, y después hicimos la cabaña».

Hace quince años nació Cabaña Jenecherú, un proyecto impulsado por la necesidad de producir reproductores adaptados a las condiciones de la Chiquitania y facilitar el acceso de los pequeños ganaderos a la genética registrada sin necesidad de trasladarse hasta las grandes ciudades.

«Yo hace 42 años tengo mi primera propiedad que se llama precisamente Jenecherú, en donde comenzamos todo. Antes no había cabaña, era ganadería de cría. Y ahí fuimos haciendo las otras actividades, que ya era el engorde a pasto, la recría, después hicimos un confinamiento, y después hicimos la cabaña»

Realizan el ciclo completo, cría, recría y confinamiento/ Foto: Cabaña Jenecherú
Realizan el ciclo completo, cría, recría y confinamiento/ Foto: Cabaña Jenecherú
José Leonardo Ardaya, propietario de cabaña Jenecherú/ Foto: Publiagro
José Leonardo Ardaya, propietario de cabaña Jenecherú/ Foto: Publiagro

«Es muy difícil para el pequeño productor venir a la ciudad a comprar dos, tres toros,  que necesita. Y así fue que nació la idea de hacer la cabaña para democratizar la genética en la región chiquitana».

Hoy, la cabaña desarrolla un trabajo altamente especializado en mejoramiento genético. Programas de acasalamiento, fertilización in vitro y selección de reproductores forman parte de un proceso técnico que involucra a profesionales especializados, mientras la nueva generación de la familia asume un papel protagónico en el desarrollo del proyecto.

«En la cabaña el trabajo es muy distinto del de la cría, del de la recría, del engorde. Es una actividad mucho más técnica, o si queremos llamarle más científica, porque los acasaladores son gente muy profesional que vienen desde Brasil y nos hacen ese trabajo. El tema de la fertilización in vitro también es otra empresa que hace ese trabajo. Lo que hacemos nosotros, sobre todo mi hijo, que es el que se encarga de ello, el que lleva adelante ese proyecto de la cabaña»

Más allá de los avances tecnológicos y los logros productivos, Ardaya asegura que el mayor orgullo de su vida ha sido compartir la actividad con su familia y transmitir a sus hijos el mismo amor por el campo que recibió de sus antepasados.

«Lo que más recuerdo es la unión de la familia, porque uno le enseña desde muy pequeño a los hijos a ir al campo y aprender y empaparse de lo que uno vive, del trabajo¨.

Asegura que el trabajo del campo es una actividad muy noble que no será la más rentable, pero sí, en la cual se comparte más con la familia, con los trabajadores, con los peones, con los vecinos.

¨Es una actividad en la cual tratamos de traspasar nuestra experiencia y nuestro conocimiento a los demás, y también aprendemos de los demás, esas experiencias bonitas son aprendizaje y son vivencias».

El trabajo de Cabaña Jenecherú se concentra exclusivamente en la raza Nelore, elegida por su capacidad de adaptación a las condiciones tropicales del país y por las características productivas que la han convertido en la base de la ganadería boliviana.

«Solamente trabajamos con Nelore, que es lo que más se adapta a nuestra región en general, al país y a todos los climas tropicales. A veces hasta somos muy abusivos con el Nelore, no le damos las condiciones para que él se desarrolle plenamente, abusamos con él porque es un animal muy rústico, por eso es que la mayoría de la ganadería en todos los climas tropicales es Nelore».

A sus 42 años de trayectoria, José Leonardo Ardaya continúa convencido de que el verdadero valor de la ganadería no se mide únicamente por la producción o la rentabilidad, sino por la posibilidad de construir un legado que trascienda generaciones. Para él, el campo sigue siendo un espacio donde el trabajo diario, la familia y el intercambio de conocimientos entre productores fortalecen una actividad que ha marcado la historia y el desarrollo de la Chiquitania.

Fuente: José Leonardo Ardaya

Redacción: Publiagro