La nutrición de precisión, el mejoramiento genético y la tecnología en granja impulsan una producción porcina más eficiente y rentable

En la producción porcina actual, la genética ha alcanzado niveles de eficiencia extraordinarios, posicionándose como uno de los pilares fundamentales del desarrollo del sector. Las líneas modernas de cerdos presentan un alto potencial de crecimiento, una notable mejora en la conversión alimenticia y un mayor rendimiento de canal, lo que permite a los productores alcanzar mejores resultados productivos en menor tiempo. Sin embargo, este potencial genético no se expresa de manera automática. Para que se traduzca en resultados concretos dentro de la granja, es indispensable integrar otros factores clave dentro del sistema productivo.

Hoy en día, optimizar el desempeño del cerdo moderno implica ir más allá de la genética y adoptar un enfoque integral que combine nutrición de precisión, sanidad, manejo, ambiente y bienestar animal. En este contexto, el doctor Eduardo Raele, médico veterinario, enfatiza la importancia de ampliar la mirada productiva al señalar que “se debe trabajar en otros aspectos, como el mejoramiento genético, el cual se realiza en los centros y en este punto trabajan en el macho, para que tengan mejores índices para su progenie del cual se obtiene la ganancia y utilidad”. Esta visión pone en evidencia que la base del progreso productivo comienza en la selección estratégica de reproductores, especialmente en los machos, cuyo impacto en la descendencia es determinante.

El método más utilizado en la actualidad para llevar adelante este proceso sigue siendo la evaluación genética mediante modelos estadísticos como el BLUP (Best Linear Unbiased Prediction). Este sistema permite estimar con precisión el valor genético de cada animal, considerando no solo su desempeño individual, sino también la información de sus padres y su descendencia. A través de esta herramienta, se evalúan características clave como la ganancia diaria de peso, la conversión alimenticia, el espesor de grasa dorsal, el rendimiento de canal y la prolificidad, entendida como el número de lechones por camada. Este enfoque permite seleccionar reproductores superiores con mayor exactitud, acelerando así el progreso genético y mejorando la eficiencia global del sistema productivo.

“Se debe trabajar en otros aspectos, como el mejoramiento genético, el cual se realiza en los centros y en este punto trabajan en el macho, para que tengan mejores índices para su progenie del cual se obtiene la ganancia y utilidad”

En paralelo, los cruzamientos estratégicos continúan desempeñando un rol fundamental dentro del mejoramiento porcino. La heterosis, o vigor híbrido, permite obtener animales con un desempeño superior al de sus progenitores, combinando lo mejor de distintas líneas genéticas. En este esquema, se utilizan líneas maternas, caracterizadas por su alta prolificidad y excelente habilidad materna, junto con líneas terminales, que destacan por su alto crecimiento y rendimiento cárnico. El resultado es la obtención de cerdos comerciales más eficientes, robustos y mejor adaptados a las condiciones del sistema productivo.

Sin embargo, la genética por sí sola no garantiza el éxito. La nutrición juega un papel determinante, especialmente considerando que la alimentación representa entre el 60% y el 70% de los costos de producción. En este sentido, la nutrición de precisión se posiciona como una herramienta clave, ya que busca ajustar los requerimientos nutricionales de los animales en función de su etapa fisiológica, su peso y su potencial genético. El uso de aminoácidos sintéticos, enzimas como las fitasas y aditivos funcionales contribuye a mejorar la digestibilidad de los nutrientes, reducir desperdicios y optimizar la conversión alimenticia. Asimismo, estrategias como la alimentación por fases permiten evitar tanto excesos como deficiencias nutricionales, logrando una mayor eficiencia en el uso de los recursos.

Finalmente, la incorporación de tecnología marca una nueva frontera en la producción porcina. El uso de sensores, sistemas de monitoreo en tiempo real y software de gestión permite a los productores tomar decisiones basadas en datos concretos. Estas herramientas facilitan la detección temprana de problemas, optimizan los procesos productivos y permiten realizar ajustes de manera precisa, contribuyendo a mejorar el rendimiento y la sostenibilidad del sistema.

En conjunto, todos estos elementos reflejan que el verdadero desafío de la porcicultura moderna no radica únicamente en contar con animales genéticamente superiores, sino en construir sistemas productivos capaces de potenciar al máximo ese potencial, integrando ciencia, tecnología y manejo eficiente.

Redacción: Publiagro