
Estas bacterias y hongos simbióticos mejoran la productividad de cultivos y recuperan la fertilidad de suelos degradados en todo el mundo

Más del 50% de los suelos a nivel mundial presentan algún grado de degradación, afectando directamente la productividad agrícola y la seguridad alimentaria. Entre las principales causas de este deterioro se encuentran la erosión eólica, la pérdida de materia orgánica, la compactación y la acumulación de sales, fenómenos que provocan la degradación de la estructura del suelo y limitan el crecimiento de las plantas.
En particular, los suelos salinos representan un desafío importante, ya que reducen significativamente el rendimiento de cultivos agrícolas. La salinidad afecta el desarrollo de las raíces, provoca daños en los tejidos foliares y genera deshidratación extrema en las plantas, limitando la absorción de nutrientes y agua.
Estrategias tradicionales y sus limitaciones
Para contrarrestar los efectos de la salinidad, los agricultores han empleado diversas técnicas. Entre las más comunes están:
- Lavados de suelo con grandes cantidades de agua, destinados a desplazar las sales acumuladas.
- Aplicación de mejoradores de suelos a base de ácidos orgánicos, que ayudan a modificar las propiedades químicas del suelo y mejorar la disponibilidad de nutrientes.
Aunque estas estrategias pueden ser efectivas, su implementación suele implicar altos costos de agua y logística, lo que limita su aplicabilidad en regiones con recursos hídricos escasos o con infraestructura agrícola limitada.
Microorganismos halotolerantes: la nueva frontera
Una alternativa innovadora que ha cobrado relevancia es el uso de microorganismos halotolerantes, organismos benéficos capaces de sobrevivir y estimular el crecimiento de las plantas incluso en ambientes con alta concentración de sales. Dentro de este grupo destacan algunas especies de micorrizas, hongos simbióticos que establecen relaciones mutuamente beneficiosas con las raíces de las plantas.

“Esta estrategia combina innovación biológica y manejo sustentable, consolidándose como una herramienta clave para enfrentar los problemas de suelos salinos y garantizar la seguridad alimentaria y la productividad ganadera en el país”


Los beneficios observados en los cultivos incluyen:
- Mayor tasa fotosintética, lo que incrementa la capacidad de la planta para producir energía y biomasa.
- Mayor eficiencia en el uso del agua, fundamental en condiciones de estrés hídrico o salino.
- Acumulación de osmoreguladores, como exopolisacáridos, que protegen a la planta frente a la deshidratación y el daño celular.
- Incremento de la biomasa, rendimiento, peso y número de frutos, lo que se traduce en cultivos más productivos y rentables.
Estudios recientes del microbioma de las plantas bajo estrés muestran que los microorganismos no solo aumentan la resiliencia de los cultivos ante la salinidad, sino que también contribuyen a recuperar la fertilidad biológica del suelo, un elemento clave para estrategias de regeneración sostenible.
Relevancia para Bolivia
En Bolivia, zonas agrícolas de Santa Cruz, Beni, Cochabamba y Tarija presentan suelos con problemas de salinidad parcial, especialmente en áreas con riego intensivo o suelos de bajo contenido orgánico. Cultivos como soya, maíz, arroz y pasturas pueden verse afectados, impactando directamente a sistemas de producción de leche y carne, que dependen de la disponibilidad de granos y forrajes de calidad.
La aplicación de microorganismos halotolerantes en estas áreas ofrece múltiples beneficios:
- Permite incrementar rendimientos de cultivos estratégicos para la alimentación animal y humana.
- Reduce la dependencia de fertilizantes químicos, disminuyendo costos de producción.
- Favorece la sostenibilidad ambiental, mejorando la salud del suelo a largo plazo.
- Contribuye a la resiliencia de sistemas agrícolas y ganaderos, asegurando forrajes de calidad para bovinos de leche y carne.
Hacia una agricultura sostenible
El uso de microorganismos halotolerantes representa un avance significativo para la agricultura y ganadería en Bolivia. Su integración con buenas prácticas agronómicas —rotación de cultivos, manejo de riego, fertilización balanceada— abre la posibilidad de recuperar suelos degradados y mantener la productividad en zonas desafiantes.
Esta estrategia combina innovación biológica y manejo sustentable, consolidándose como una herramienta clave para enfrentar los problemas de suelos salinos y garantizar la seguridad alimentaria y la productividad ganadera en el país.

Redacción: Publiagro














