
Mecanismos de acción, evidencias productivas y oportunidades de uso en sistemas ganaderos del altiplano, valles y trópico

El incremento de la productividad en rumiantes depende, en gran medida, de la eficiencia con la que el animal convierte forraje en energía y proteína utilizable. En Bolivia, donde predominan sistemas extensivos y semi-intensivos basados en pasturas naturales, rastrojos agrícolas y subproductos, la limitante principal es la baja calidad de la fibra y la inestabilidad del ambiente ruminal. En este contexto, los aditivos microbianos a base de levaduras, especialmente Saccharomyces cerevisiae, se han posicionado como una herramienta nutricional para mejorar el desempeño productivo en bovinos, ovinos y, con creciente interés, en camélidos.
El modo de acción de las levaduras se basa en su interacción con la microbiota del rumen. Al ingresar con la dieta, las células de levadura consumen pequeñas cantidades de oxígeno que ingresan junto con el alimento, favoreciendo un ambiente estrictamente anaerobio. Esta condición es esencial para el desarrollo de bacterias celulolíticas responsables de degradar la fibra vegetal. En sistemas bolivianos donde se utilizan rastrojos de maíz, paja de trigo o pasturas maduras del altiplano, esta acción permite un mejor aprovechamiento del material fibroso y un aumento en la producción de ácidos grasos volátiles (AGV), principal fuente energética del rumiante.
Además, las levaduras aportan vitaminas del complejo B, péptidos, glucanos y ácidos orgánicos que actúan como factores de crecimiento para bacterias beneficiosas del rumen. Estos compuestos estimulan la actividad enzimática microbiana, acelerando la conversión de la fibra y del nitrógeno no proteico (urea, biuret) en proteína microbiana de alta calidad. Para sistemas lecheros del altiplano y los valles interandinos, donde se suplementa con urea en épocas secas, esta conversión es clave para sostener producción sin elevar significativamente los costos.
Uno de los efectos más importantes de las levaduras es la estabilización del pH ruminal. Mediante la estimulación de bacterias consumidoras de ácido láctico, como Selenomonas ruminantium, se reduce la acumulación de lactato y se mantiene el pH cercano a la neutralidad. Esto es relevante en bovinos en engorde o vacas lecheras suplementadas con concentrados, especialmente en Santa Cruz y Cochabamba, donde dietas con mayor nivel energético aumentan el riesgo de acidosis subclínica. La estabilización del pH se traduce en mayor consumo voluntario de alimento, menor incidencia de trastornos digestivos y mejor eficiencia alimenticia.

“El uso estratégico de levaduras vivas en la dieta de rumiantes mejora la eficiencia digestiva, estabiliza el rumen y permite transformar forrajes de baja calidad en mayor producción de carne, leche y fibra, con potencial de aplicación en bovinos, ovinos y camélidos bolivianos”


Desde el punto de vista energético, las levaduras favorecen la producción de propionato frente a la formación de metano. Ambas rutas metabólicas compiten por el hidrógeno disponible en el rumen. Al estimular bacterias productoras de propionato, se reduce la disponibilidad de hidrógeno para los microorganismos metanogénicos. Esto tiene un doble efecto: se mejora la eficiencia energética del animal (menos energía se pierde como gas) y se disminuyen las emisiones de metano, aspecto relevante para sistemas ganaderos que buscan adaptarse a criterios de sostenibilidad y reducción de huella ambiental.
En bovinos de carne, el uso de levaduras se asocia con incrementos en la ganancia diaria de peso y mejor conversión alimenticia, especialmente cuando se utilizan forrajes de mediana a baja calidad. En bovinos lecheros, los beneficios se reflejan en aumentos de producción de leche, mayor estabilidad del consumo y mejora en parámetros reproductivos indirectos, al reducir el estrés metabólico. En Bolivia, experiencias reportadas en sistemas de doble propósito del trópico muestran mejoras en condición corporal y persistencia de lactancia cuando se incorporan levaduras en épocas de transición forrajera.
En ovinos, especialmente en zonas altoandinas, donde las pasturas son de bajo valor nutricional, las levaduras permiten mejorar la digestibilidad de la fibra y la eficiencia del uso del nitrógeno, favoreciendo incrementos en peso vivo y producción de lana. Para camélidos (llamas y alpacas), aunque la investigación es menor que en bovinos, existen evidencias de que la suplementación con levaduras mejora la utilización de pasturas naturales y reduce la variabilidad productiva en épocas críticas. Esto resulta relevante para sistemas productivos del altiplano boliviano, donde la productividad depende casi exclusivamente de la calidad de los bofedales y pastizales nativos.
Principales efectos productivos del uso de levaduras

Mecanismos de acción en el rumen

Consideraciones prácticas
Los resultados del uso de levaduras son variables y dependen de la cepa utilizada, la dosis, el tipo de dieta y la especie animal. No todas las levaduras tienen el mismo efecto; algunas actúan principalmente sobre el pH, otras sobre la digestión de fibra o el consumo. Por ello, es fundamental seleccionar productos con respaldo técnico y adaptados al sistema productivo local. En Bolivia, su mayor potencial se encuentra en épocas secas, en dietas con alta proporción de fibra y en sistemas donde se emplea nitrógeno no proteico.
Las levaduras representan una herramienta biotecnológica con alto potencial para incrementar la productividad de bovinos, ovinos y camélidos en Bolivia. Su acción sobre la microbiota ruminal permite transformar forrajes de baja calidad en energía y proteína utilizable, mejorar la salud digestiva y reducir pérdidas energéticas por metano. Integradas a programas de manejo nutricional, pueden contribuir a sistemas más eficientes, rentables y sostenibles, adaptados a las condiciones productivas del altiplano, valles y trópico boliviano.

Redacción: Publiagro














