
El tamaño del grano determina la fermentación ruminal, la salud digestiva y la eficiencia energética en vacas y bovinos de engorde

La suplementación energética con maíz es una herramienta clave en la producción bovina, pero el tamaño de grano elegido influye directamente en la fermentación ruminal, la microbiota y la salud general del animal. Según expertos en nutrición animal, comprender las diferencias entre maíz entero, partido y molido es fundamental para maximizar la eficiencia productiva y minimizar riesgos.
Fermentación ruminal y pH
El maíz es un alimento rico en almidón, y el tamaño de la partícula regula la velocidad de fermentación:
- Maíz entero: su fermentación es lenta, lo que implica que gran parte del grano puede pasar intacta en las heces, generando pérdida de energía. Sin embargo, reduce el riesgo de acidosis y tiene menor eficiencia en vacas de alta producción. Es útil principalmente en dietas muy fibrosas, bovinos de engorde en sistemas extensivos o suplementación estratégica.
- Maíz partido/quebrado: fermenta de manera moderada, logrando un buen equilibrio entre aprovechamiento energético y seguridad ruminal, con menor pérdida fecal. Es ideal para sistemas pastoriles y constituye el punto óptimo para la mayoría de bovinos.
- Maíz molido fino: fermenta rápidamente, aumentando la producción de ácidos grasos volátiles (AGV), especialmente propionato. Este proceso puede provocar una caída rápida del pH ruminal y generar riesgos como acidosis subclínica, laminitis, disminución de grasa láctea y timpanismo. Solo se recomienda su uso en dietas con alta fibra físicamente efectiva, bien balanceadas, con buffers como bicarbonato y bajo manejo de personal altamente experimentado.
Microbiota ruminal
El tamaño de la partícula también modula la composición bacteriana del rumen:
- Grano grueso favorece bacterias amilolíticas lentas.
- Grano fino favorece bacterias amilolíticas rápidas, aumentando la producción de ácido láctico.
Si el almidón se libera demasiado rápido, se inhiben las bacterias fibrolíticas, disminuye la digestión de la FDN (fibra detergente neutra) y se reduce el consumo voluntario del animal.
Masticación, saliva y pH
La rumia genera saliva, que actúa como tampón natural del pH ruminal. Las partículas finas reducen la masticación y, por tanto, la producción de saliva, incrementando el riesgo de acidosis. Por ello, no basta con que la dieta tenga FDN, sino que esta debe ser físicamente efectiva.
Finalmente, se recomienda que los animales que nunca han recibido suplementación energética pasen primero por un proceso de adaptación, especialmente si han estado pastoreando toda su vida, para evitar problemas digestivos y optimizar la absorción de nutrientes.
El tamaño del grano determina la fermentación ruminal, la salud digestiva y la eficiencia energética en vacas y bovinos de engorde.

Fuente: Vida Agropecuaria
Redacción: Publiagro














