Un manejo preventivo desde la primera aplicación permite mantener la salud del cultivo, reducir enfermedades y optimizar la conversión de energía en productividad

Foto: Rainbow
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Proteger el cultivo de soya desde la primera aplicación es una decisión estratégica que define el rendimiento final y la calidad del grano. Las primeras etapas del desarrollo vegetativo son críticas, ya que el cultivo se encuentra más vulnerable al ataque de plagas, enfermedades y malezas que pueden comprometer su potencial productivo si no se controlan a tiempo. Así lo destaca el investigador Sidinei Neuhaus, quien enfatiza que el manejo temprano es la base para asegurar una soya sana, vigorosa y con alta eficiencia en la conversión de energía.

Balance energético vs. productividad

Neuhaus explica que todo parte del equilibrio fisiológico de la planta. “Esto tiene que ver con el balance energético de la planta, es decir, cuánto esa planta está produciendo de energía y cuánto cuesta para esa planta producir eso y, al final del día, el resultado de este es nuestra productividad”. En otras palabras, la eficiencia fotosintética y la capacidad de la planta para mantener un metabolismo estable determinarán el nivel de biomasa y, posteriormente, el volumen de granos cosechados.

La primera aplicación de fungicida

El especialista subraya que uno de los aspectos es esa primera aplicación de fungicida que tiene como propósito reducir ese inóculo inicial de enfermedades. Esta intervención temprana evita que los patógenos se establezcan en el tejido foliar y se multipliquen en etapas críticas del desarrollo. Un control eficaz en esta fase permite reducir la presión de enfermedades y prolongar la salud fisiológica del cultivo.

La planta de soya: una fábrica de energía

Neuhaus compara la planta con un sistema de producción. “La planta de soya es nuestra fábrica y debe ser siempre nuestro foco; de ahí direccionar todo nuestro esfuerzo y costo de construir el manejo de esa planta”. El objetivo es que el cultivo desarrolle la mayor cantidad posible de hojas funcionales, capaces de interceptar la máxima radiación solar, producir energía y transformarla en biomasa.

 “Esto tiene que ver con el balance energético de la planta, es decir, cuánto esa planta está produciendo de energía y cuánto cuesta para esa planta producir eso y, al final del día, el resultado de este es nuestra productividad”

“Debemos cerciorarnos que la planta tenga el menor estrés posible, que tenga mejor eficiencia de conversión de energía para biomasa, y uno de esos aspectos que acaba restando las energías o lo que la planta necesita, son las enfermedades”, agregó.

Etapas del desarrollo de la soya

Durante la primera fase, que abarca hasta el estadio V3, la planta se enfoca en el desarrollo del sistema radicular. A partir de ese punto, comienza un crecimiento vegetativo acelerado, con mayor producción de hojas y acumulación de energía. Posteriormente, la soya entra en su fase de floración y reproducción, cuando inicia la formación de vainas y el llenado de granos. En esta etapa, “lo que se busca es que esa energía se vaya al grano”, señala Neuhaus, destacando la importancia de mantener la planta libre de enfermedades para preservar su potencial productivo hasta el final del ciclo.

Rotación del cultivo y protección del suelo

El especialista recuerda que el manejo preventivo también depende de las condiciones del suelo y de la rotación de cultivos. El rastrojo cumple un papel fundamental en la reducción de enfermedades. “Cuando tengo un rastrojo se evita un poco que salpiquen las gotas de lluvia que podrían duplicar las infecciones; es por eso que ese nivel de rastrojo es nuestro primer fungicida. Si no se cuenta con ese rastrojo, se depende más de la protección química”.

Asimismo, las semillas son una vía crítica de ingreso de patógenos. Otra puerta de entrada de las manchas foliares son las semillas; una buena semilla tratada tiene un papel muy importante para reducir las enfermedades foliares también, enfatiza. Un tratamiento de semillas adecuado con fungicidas, insecticidas y bioestimulantes garantiza un arranque uniforme y reduce la presión inicial de patógenos.

Cuándo iniciar la protección

Neuhaus detalla dos momentos clave para la aplicación de tratamientos:

  1. Aplicación temprana o de arranque (entre 10 y 20 días después de la emergencia)
    Esta es la primera ventana crítica. Se realiza cuando la planta se encuentra entre los estados V2 y V3 (dos a tres hojas trifoliadas). El objetivo es proteger el cultivo de plagas iniciales —como trips, orugas cortadoras, vaquitas y chinches tempranas— y de enfermedades incipientes, tales como manchas foliares, mildiu o bacteriosis. En esta fase, es común aplicar fungicidas preventivos, insecticidas de amplio espectro y bioestimulantes o micronutrientes para fortalecer el sistema radicular y estimular un crecimiento vigoroso.
  2. Segunda aplicación (25 a 35 días después de la emergencia)
    Esta etapa coincide con el cierre de surcos y el inicio del estado reproductivo (R1). La finalidad es reforzar la protección contra enfermedades foliares y plagas que tienden a intensificarse con el aumento de temperatura y humedad. Un control adecuado en este punto asegura que la planta mantenga su capacidad fotosintética y reduzca las pérdidas de rendimiento.

Finalmente, Neuhaus resume la filosofía de un manejo preventivo efectivo:

“El manejo preventivo no se trata solo de aplicar temprano, sino de construir un sistema de protección integral que mantenga al cultivo sano desde la semilla hasta la floración”.

Fuente: Rainbow

Redacción: Publiagro