
Variabilidad, oxidación, fósforo, agua y logística: los puntos ciegos que más afectan la salud y productividad porcina


Cuando los nutricionistas preparan una fórmula porcina, su preocupación principal suele centrarse en la proteína, la lisina, la energía o los micronutrientes. Pero como advierte Sandra Carolina Salguera, de Capes Consulting, existe una brecha real entre lo que se formula en papel y lo que llega al tracto digestivo del cerdo. Esa diferencia se debe a lo que ella llama “puntos ciegos”: factores que muchas veces no se ven o se subestiman, y que minan la productividad.
Uno de esos puntos es la variabilidad de los ingredientes de origen vegetal: el maíz, la soya, los subproductos, etc., tienen composición química que varía con el suelo, las lluvias, la cosecha, la madurez del grano, etc. Un estudio reciente sobre ingredientes de alimentación porcina encontró que ignorar esa variabilidad puede llevar a desviaciones de hasta un 15 % en proteína cruda (CP) respecto a lo formulado, lo que traduce pérdidas en crecimiento y eficiencia alimenticia.
Otro punto crítico es el uso de aceites oxidados. Los aceites que han sufrido oxidación tienen compuestos peroxidados, aldehídos y otros subproductos que reducen la energía utilizable de la ración, debilitan las defensas antioxidantes del animal y pueden inducir estrés oxidativo o inflamatorio. En estudios con lechones o cerdas se ha observado que dietas con aceite de soya oxidado disminuyen la actividad de enzimas antioxidantes, aumentan marcadores de inflamación y reducen rendimiento.

“No basta con formular bien: lo esencial es garantizar que la materia prima mantenga su calidad real, sea segura y llegue al cerdo tal como está pensada, para evitar pérdidas en rendimiento, incremento de costos y riesgos sanitarios”

El fósforo también aparece como un ingrediente cuya calidad e inocuidad no siempre son conocidas. No todos los fosfatos son iguales: algunas materias primas contienen metales pesados, algunas fuentes no especifican su biodisponibilidad, con lo que el cerdo no aprovecha bien el nutriente y además puede generar residuos que afectan salud y ambiente.
El agua y la humedad, por su parte, actúan como catalizadores de malas prácticas. La humedad excesiva en granos facilita la aparición de hongos y micotoxinas, que producen efectos negativos más allá de la nutrición: pérdida de apetito, daño intestinal, inmunidad comprometida. A su vez, un transporte o almacenamiento deficiente puede deteriorar la calidad de alimento, oxidar lípidos o contaminar materias primas antes de que la mezcla llegue al comedero.
Además, la logística —el trayecto que recorre el ingrediente desde que se cosecha, se seca, se almacena, se transporta, hasta que se incorpora al alimento terminado— es un aspecto del que muchas veces no se hace seguimiento técnico. Fórmulas sofisticadas pierden valor si la materia prima llega en mal estado, con olores rancios, oxidaciones o contaminaciones.
Recomendaciones técnicas para productores
- Implementar controles de calidad periódicos en cada lote de ingrediente: análisis físico-químico, contenido de humedad, valor nutritivo real.
- Establecer límites aceptables para oxidación de aceites (valor de peróxidos, aldehídos) y usar antioxidantes o estabilizantes cuando sea necesario.
- Seleccionar fuentes de fósforo bien caracterizadas, conocer su biodisponibilidad y presencia de contaminantes, para formular fórmulas precisas y responsables.
- Asegurar condiciones adecuadas de almacenamiento y transporte: conservar granos secos, silos limpios, evitar calor y humedad extremos.
Monitorear la ración final, no solo en teoría sino en práctica: comprobar que la mezcla entregada al cerdo mantiene los estándares formulados.
En resumen, como Sandra Carolina Salguera enfatiza, ningún avance tecnológico en nutrición compensará materias primas básicas de baja calidad. Asegurar inocuidad, consistencia y que lo formulado sea lo realmente ingerido es la clave para maximizar rendimiento, salud del cerdo y rentabilidad de la explotación.

Redacción: Publiagro














