
Su idea, su pasión y su historia se entrelazan con el crecimiento exponencial del hato búfalo nacional, que hoy ronda las 60.000 cabezas, como muestra de un liderazgo que inspira





Walter Kuljis, de Cabaña K de Oro, se siente hoy más realizado que nunca. Al cerrar el Simposio Internacional de Búfalos, confiesa que siempre soñó con que un evento de esta magnitud llegara a Bolivia. No para traer glorias personales, sino para mostrar un “país nuestro diferente”, donde la gente vea producción, honestidad y superación. Esa visión, decía, ha sido su motor durante años: convocar delegaciones internacionales, científicos, empresarios, no para ser vistos por lo que falta, sino por lo que se hace.
Esta visión se funde con una pasión profunda por los búfalos. Kuljis no los vio crecer desde siempre, al menos no por propia crianza, pero su admiración nació fuerte. Cree en el búfalo como animal rústico, resistente, capaz de comer lo que vacas no podrían, fuerte donde otros animales flaquean, útil en leche y carne. Lo ve como palanca para mitigar pobreza: “un campesino con uno o dos búfalitos puede tener leche y comerlo”, escribe en su discurso, no como utopía sino como posibilidad concreta.
Y su historia práctica con los búfalos comienza casi por casualidad: un amigo le debía una casa, ofreció como pago unos búfalos. Son los primeros 70 animales en su hacienda, animales que él había visto poco, que desconocía, pero que poco a poco se multiplicaron. De esa experiencia improvisada surgió amor, fue creciendo el rebaño —porque las búfalas son longevas, prolíficas, su población crece geométricamente—, y con ellos creció también su compromiso, su cabaña, su reputación.

“Desde la compra de los primeros 70 animales hasta concebir su país productivo ante científicos del mundo, Walter Kuljis lidera la crianza de búfalos en Bolivia con visión, corazón y compromiso tangible”

Crecimiento del hato búfalo en Bolivia: cifras que respaldan el sueño
Lo que era sueño de Kuljis hoy tiene respaldo de datos duros. En los últimos diez años el hato de búfalos en Bolivia pasó de cerca de 14.000 ejemplares a alrededor de 60.000 cabezas.
Este crecimiento no es uniforme: se concentra fuertemente en Beni, que aloja cerca del 70 % del hato nacional. Además, las razas predominantes como la Murrah y Mediterránea han demostrado adaptarse también en regiones que antes no eran consideradas, donde el clima, la altitud o el manejo presentaban desafíos.
El búfalo en Bolivia ya no es sólo una moda; es una alternativa real en carne, leche, quesos y subproductos, con potencial claro de mercado interno y posibilidades de exportación. Esto hace que liderazgos como el de Kuljis no sean decorativos, sino estratégicos para enfrentar desafíos como el cambio climático, la seguridad alimentaria y la diversificación productiva.
Walter Kuljis mira hacia adelante con convicción. Su sueño ya se convirtió en una realidad palpable, pero el camino apenas comienza. Invita a otros productores: quienes aman el campo, quienes quieren ver que un país productivo pueda mostrarse con orgullo, que abracen el búfalo. Que cuiden sus animales con amor, dedicación, paciencia. Porque dice él, los resultados no solo llegan, se multiplican.
Bolivia ya tiene industria bubalina, genética, ferias, juzgamientos, remates —y ahora tiene también historias como la de Kuljis, que evocan que cuando un sueño se hace bien, con integridad y trabajo, se vuelve inspiración para todo un sector.

Redacción: Publiagro














