
La especialista Elke Noellemeyer explicó cómo la distribución de estos “grumos” indica actividad biológica y calidad estructural del suelo

La evaluación visual de la calidad del suelo se ha convertido en una herramienta práctica y cada vez más utilizada por técnicos y productores para analizar, de manera rápida y directa en el campo, las condiciones físicas, biológicas y estructurales del suelo. A través de la observación de distintos indicadores, es posible obtener información valiosa sobre su estado de salud, su capacidad productiva y su aptitud para el desarrollo de los cultivos.
Este tipo de evaluación permite identificar aspectos clave como la estructura del suelo, la presencia de raíces, la actividad biológica, la compactación, la infiltración de agua y el contenido de materia orgánica, factores que influyen directamente en el desempeño de los cultivos y en la sostenibilidad de los sistemas productivos.
En este contexto, durante un día de campo, la especialista en ciencias del suelo Elke Noellemeyer realizó una demostración práctica mediante una calicata, donde explicó a los asistentes qué son los agregados del suelo y cuál es su importancia dentro del funcionamiento del sistema agrícola.
Los agregados del suelo son grupos de partículas de suelo —arena, limo y arcilla— que se unen entre sí formando pequeñas estructuras o “grumos”. Estas partículas se mantienen juntas gracias a sustancias naturales presentes en el suelo, como la materia orgánica, las raíces de las plantas, los hongos, los microorganismos y compuestos como la glomalina, que actúan como agentes de unión entre las partículas.

“En un suelo sano, tiene que estar presente todos los tamaños de agregados, eso me indica que hay una actividad biológica y hay un ciclado de estos agregados que se hacen cada vez más grande, después se rompen, en cuanto más pareja es la distribución es mejor la calidad del suelo”


En términos simples, los agregados constituyen las unidades estructurales del suelo, y su formación determina la manera en que el suelo se organiza físicamente, influyendo en procesos clave como la circulación del agua, el intercambio de gases y el crecimiento de las raíces.
Durante la explicación, la especialista destacó la importancia de observar la diversidad de tamaños de agregados en el suelo como un indicador de su salud.
“En un suelo sano, tiene que estar presente todos los tamaños de agregados, eso me indica que hay una actividad biológica y hay un ciclado de estos agregados que se hacen cada vez más grande, después se rompen, en cuanto más pareja es la distribución es mejor la calidad del suelo”, explica Elke Noellemeyer, Ingeniera Agrónoma PhD y especialista en Ciencias del suelo.
La presencia de agregados bien formados es un indicador clave de la calidad y salud del suelo, ya que estos influyen directamente en su funcionamiento. Cuando un suelo presenta agregados estables, se considera que posee una buena estructura, lo que favorece diferentes procesos fundamentales para la producción agrícola.
Dependiendo de cómo se organizan las partículas, los agregados pueden formar diferentes estructuras. Entre las más comunes se encuentran la estructura granular o migajosa, considerada ideal para la agricultura debido a que facilita el crecimiento de las raíces y la infiltración del agua; los bloques o prismas, más frecuentes en suelos con mayor contenido de arcilla; y las estructuras laminares o compactadas, que generalmente indican problemas de manejo o compactación del suelo.
En la producción agrícola, los agregados cumplen un papel fundamental, ya que determinan la estructura del suelo, la cual influye directamente en la productividad de los cultivos. Suelos con agregados estables suelen ser más fértiles, presentan mayor capacidad de retención de agua, permiten una mejor aireación y resultan más resilientes frente a condiciones adversas como sequías o lluvias intensas.
Por esta razón, los especialistas recomiendan implementar prácticas de manejo que favorezcan la formación y estabilidad de los agregados. Entre ellas se destacan la incorporación de materia orgánica, el uso de cultivos de cobertura, la reducción de la labranza intensiva y la promoción de la actividad biológica del suelo, estrategias que contribuyen a mejorar la salud del suelo y a sostener la productividad de los sistemas agrícolas en el tiempo.


Redacción: Publiagro














