Excesos hídricos en plena cosecha impactan rendimiento y calidad del grano, con pérdidas en áreas estratégicas del oriente

La campaña de verano 2025-2026 de soya en Santa Cruz enfrenta un escenario adverso marcado por condiciones climáticas extremas que han impactado directamente en la producción, el rendimiento y la calidad del grano. La Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) confirmó que la cosecha sufrirá una reducción de al menos 400 mil toneladas respecto a las proyecciones iniciales, debido principalmente a las intensas lluvias registradas en las principales zonas productivas del departamento.

De acuerdo con el presidente de Anapo, Abraham Nogales, la superficie sembrada alcanzó 1,3 millones de hectáreas, con una proyección inicial de 3 millones de toneladas. Sin embargo, tras la evaluación técnica de campo, la estimación fue ajustada a 2,6 millones de toneladas, evidenciando el impacto directo de los eventos climáticos extremos.

El comportamiento climático durante la campaña fue determinante. Inicialmente, entre diciembre y enero, los cultivos enfrentaron un periodo de sequía que afectó su desarrollo en etapas tempranas. Posteriormente, a partir de febrero, se registraron lluvias intensas que superaron los 200 milímetros en apenas 48 horas en varias zonas productivas, generando un exceso de humedad en los suelos justo en la etapa de cosecha.

Este fenómeno no solo impidió el ingreso de maquinaria a los campos, retrasando las labores agrícolas, sino que también afectó significativamente el peso y la calidad del grano. La saturación de los suelos y la humedad prolongada favorecieron el deterioro del cultivo, reduciendo su valor comercial y su rendimiento potencial.

Las zonas más afectadas se concentran en el este y norte integrado de Santa Cruz, específicamente en municipios como Pailón, Cuatro Cañadas y San Julián, que en conjunto representan aproximadamente el 60% de la superficie sembrada de soya en la campaña de verano. A estas se suman regiones como El Puente, San Pedro, Santa Rosa del Sara y Yapacaní, donde también se reportan daños importantes.

Desde una perspectiva técnica, las lluvias intensas en cortos periodos —como los más de 200 mm en 48 horas reportados— generan anegamiento de suelos, limitan la oxigenación radicular y provocan la caída de plantas, además de dificultar la cosecha oportuna. Esto se traduce en pérdidas tanto cuantitativas como cualitativas.

“El exceso de lluvias en febrero y marzo compromete la campaña de verano y deja pérdidas en superficie y productividad”

Según la evaluación de Anapo, al menos 300 mil hectáreas presentan algún grado de afectación. De estas, aproximadamente 30 mil hectáreas se consideran pérdidas totales, mientras que el resto evidencia mermas importantes en el rendimiento. Esta situación refleja una afectación territorial diferenciada, donde las zonas con menor drenaje o mayor acumulación de agua presentan mayores daños.

Impacto de lluvias en la campaña de soya 2025-2026

A pesar de este escenario, la producción estimada permitirá cubrir la demanda interna, que alcanza aproximadamente 800 mil toneladas destinadas a la producción de harina para el sector pecuario y aceite para el consumo humano. El saldo, cercano a 1,8 millones de toneladas, será destinado a la exportación, principalmente como grano y derivados con valor agregado.

No obstante, el impacto económico para los productores es significativo, especialmente en zonas donde las pérdidas son totales o donde la calidad del grano limita su comercialización. Además, el retraso en la cosecha podría generar efectos adicionales en la planificación de la próxima campaña agrícola.

Desde el sector productivo, existe expectativa de que las condiciones climáticas mejoren en los próximos días para evitar mayores daños. La evolución del clima será determinante para contener las pérdidas y permitir el cierre de la campaña con resultados más estables.

Este escenario vuelve a poner en evidencia la alta vulnerabilidad del sector agrícola frente a eventos climáticos extremos, donde la combinación de sequía y lluvias intensas en una misma campaña representa uno de los mayores desafíos para la producción sostenible de alimentos en Bolivia.

Redacción: Publiagro