
Esta glicoproteína producida por hongos micorrízicos permite formar agregados estables, favoreciendo la retención de agua, el crecimiento de las raíces y la salud del suelo

La salud del suelo es uno de los pilares fundamentales para lograr sistemas agrícolas más productivos y sostenibles. En este contexto, uno de los compuestos que ha cobrado especial relevancia en la ciencia del suelo es la glomalina, una sustancia natural que cumple un papel clave en la estructura y fertilidad del suelo.
Un descubrimiento que cambió la visión del suelo
La glomalina es una glicoproteína pegajosa que liberan los hongos micorrízicos mientras colonizan las raíces de las plantas. Estos hongos forman una asociación simbiótica con los cultivos, ayudando a mejorar la absorción de agua y nutrientes.
Este compuesto fue identificado en 1996 por la científica Sara F. Wright, investigadora del United States Department of Agriculture (USDA), quien descubrió su importante papel en la estabilidad de los suelos agrícolas.
En términos simples, los especialistas describen a la glomalina como un verdadero “pegamento biológico” del suelo, debido a su capacidad de unir las partículas que lo componen.
El papel de la glomalina en la estructura del suelo
De acuerdo con el ingeniero mexicano Ernesto Mancera, asesor técnico agrícola, la glomalina tiene la capacidad de unir partículas de arena, limo y arcilla, formando agregados estables que mejoran significativamente las propiedades físicas del suelo.
Este proceso contribuye a mejorar varios aspectos fundamentales:
- La estructura del suelo
- La aireación
- La infiltración del agua
- La resistencia a la erosión
Cuando un suelo posee buenos niveles de glomalina, suele presentar una estructura granular o migajosa, considerada ideal para el desarrollo y crecimiento de las raíces de los cultivos.

“La glomalina contribuye no solo a la estabilidad física del suelo, sino también al funcionamiento biológico del sistema productivo”


Mayor retención de agua y resiliencia del suelo
Los agregados formados gracias a la acción de la glomalina también juegan un papel clave en la gestión del agua en el suelo.
Entre sus principales beneficios se destacan:
- Mejor retención de la humedad
- Reducción de la evaporación
- Mayor disponibilidad de agua para los cultivos
Estas características resultan especialmente importantes en zonas áridas o semiáridas, donde la eficiencia en el uso del agua es un factor determinante para la producción agrícola.
Beneficios para el desarrollo de las plantas
La mejora en la estructura del suelo también repercute directamente en el crecimiento de los cultivos. Cuando el suelo está bien estructurado, se generan condiciones más favorables para el desarrollo radicular y la vida microbiana.
Entre los principales efectos positivos se encuentran:
- Las raíces crecen con mayor facilidad
- Aumenta la actividad microbiana benéfica
- Mejora la disponibilidad de nutrientes
De esta manera, la glomalina contribuye no solo a la estabilidad física del suelo, sino también al funcionamiento biológico del sistema productivo.
Prácticas agrícolas que favorecen la producción de glomalina
Diversas prácticas de manejo del suelo pueden estimular la actividad de los hongos micorrízicos y, en consecuencia, la producción de glomalina.
Entre las principales recomendaciones se encuentran:
- Reducir la labranza intensiva
- Utilizar cultivos de cobertura
- Aplicar materia orgánica
- Inocular micorrizas
- Evitar el exceso de fertilizantes fosfatados
- Mantener raíces vivas en el suelo durante la mayor parte del tiempo
Estas estrategias forman parte de los enfoques de agricultura regenerativa y manejo sostenible del suelo, orientados a mejorar la productividad sin comprometer los recursos naturales.


Redacción: Publiagro













