Daños en calderas y catalizadores revelan problemas estructurales de operación, mantenimiento y gestión

La Planta de Amoniaco y Urea de Bulo Bulo, uno de los proyectos industriales más ambiciosos del país, atraviesa una nueva etapa de paralización que vuelve a poner en evidencia problemas técnicos no resueltos desde su puesta en marcha. Desde el 11 de febrero, el complejo se encuentra sin producción debido a fallas en equipos críticos, principalmente en el caldero 101C y en los catalizadores de los convertidores de alta y baja temperatura, piezas esenciales para la síntesis de amoniaco y, posteriormente, de urea granulada.
El proyecto, inaugurado en 2017 con una inversión estatal cercana a los 953 millones de dólares, fue presentado como el pilar de la industrialización del gas natural. Sin embargo, a lo largo de su historia operativa ha registrado múltiples detenciones, lo que impidió consolidar un funcionamiento estable y continuo. La situación actual no responde a un evento aislado, sino a un deterioro progresivo de los sistemas clave de la planta.
Según técnicos con experiencia en operación petroquímica, el caldero 101C trabaja bajo condiciones extremas, recibiendo gases a temperaturas cercanas a los 950 grados centígrados y descargándolos a unos 560 grados, gracias a un sistema de 380 tubos que absorben el diferencial térmico. Actualmente, al menos 14 de estos tubos estarían fuera de servicio, reduciendo la capacidad de enfriamiento y trasladando el exceso de calor a otras partes del sistema, como el sobrecalentador, lo que incrementa el riesgo de nuevas fallas en cadena.
El problema se agrava por antecedentes de corrosión interna, lo que sugiere que el daño no es reciente. En este contexto, las reparaciones parciales solo permitirían reactivar la planta de forma temporal, sin resolver el problema estructural. La hipótesis más consistente apunta a una combinación de deficiencias en el tratamiento del agua utilizada en el sistema y una gestión inadecuada de paradas abruptas. Durante una detención con corte de gas y aire, el ingreso de agua al convertidor habría provocado un enfriamiento súbito del catalizador, altamente sensible a la humedad y a cambios bruscos de temperatura.

“La paralización de la Planta de Urea de Bulo Bulo expone deficiencias acumuladas que requieren una solución integral y no solo parches de emergencia”


Este impacto se refleja directamente en el proceso químico. En condiciones normales, el gas del reformador secundario contiene cerca del 13% de monóxido de carbono (CO), que es reducido progresivamente en los convertidores hasta niveles compatibles con la síntesis de amoniaco. Antes de la paralización, ya se registraban concentraciones superiores a lo recomendado, lo que indicaba desgaste previo del sistema catalítico. Tras el evento de enfriamiento, se estima que estos valores podrían duplicarse, afectando la eficiencia global del proceso y comprometiendo la calidad de la producción.
Aunque la capacidad nominal de la planta supera las 700 toneladas métricas diarias de amoniaco y más de 1.000 toneladas de urea, especialistas advierten que, incluso si se logra un reinicio operativo, difícilmente se superará el 70% de ese potencial. El reemplazo de catalizadores y la contratación de asistencia técnica especializada implican costos adicionales, que se suman a los gastos de mantenimiento recurrente del caldero.
Desde un enfoque técnico, las fallas actuales revelan tres niveles de responsabilidad: el diseño original del sistema, la forma en que fue operado en los últimos años y la gestión del mantenimiento preventivo. No se trata solo de un problema heredado, sino también de la falta de correcciones estructurales a tiempo. La acumulación de reparaciones parciales ha postergado decisiones de fondo, como el reentubado completo del caldero y la modernización de los protocolos de operación.
Las posibles soluciones pasan por un enfoque integral. En primer lugar, se requiere una auditoría técnica independiente que determine el estado real de los equipos críticos. En segundo lugar, es imprescindible mejorar el tratamiento del agua utilizada en los sistemas de enfriamiento, ya que su calidad influye directamente en la vida útil de los tubos. En tercer lugar, se deben revisar los procedimientos de parada y arranque para evitar choques térmicos que dañen los catalizadores. Finalmente, la operación de la planta exige personal altamente especializado, con experiencia en complejos petroquímicos, capaz de anticipar fallas y no solo reaccionar ante ellas.
La Planta de Urea de Bulo Bulo es estratégica para la producción nacional de fertilizantes y para reducir la dependencia de importaciones. Sin embargo, su viabilidad futura depende de decisiones técnicas y administrativas que vayan más allá de soluciones temporales. La discusión ya no es únicamente cuándo volverá a producir, sino si podrá hacerlo de manera sostenida, segura y económicamente eficiente. Sin una intervención estructural, el riesgo es que la planta continúe funcionando a medias, acumulando costos y perdiendo su rol como motor de industrialización.

Redacción: Publiagro













