El control efectivo requiere monitoreo constante, rotación de fungicidas y aplicaciones técnicas para proteger la productividad y sostenibilidad del cultivo

La Sigatoka negra, provocada por el hongo Pseudocercospora fijiensis, es considerada una de las enfermedades más destructivas del cultivo de banano a nivel mundial, debido a su capacidad de reducir significativamente la productividad, la calidad del fruto y la vida útil de las plantaciones. Su control depende en gran medida del uso de fungicidas específicos; sin embargo, el uso continuo e indiscriminado de estos productos ha generado un problema creciente: la resistencia del patógeno a varios principios activos.

El manejo de la resistencia a fungicidas en Sigatoka negra se ha convertido en un desafío estratégico para los productores. Cuando el hongo desarrolla tolerancia a ciertos químicos, los tratamientos pierden eficacia, los costos de producción se incrementan y se requieren más aplicaciones, lo que también puede generar impactos ambientales y sanitarios.

Frente a este panorama, Ricardo Astua, director del laboratorio Monreri, explica que “el desarrollo de una enfermedad en campo requiere la interacción de tres factores: hospederos susceptibles, clima favorable y patógeno”.

  • Hospederos susceptibles: en este caso, todos los cultivares Cavendish utilizados en la producción de banano, los cuales son vulnerables a la enfermedad.
  • Clima favorable: las condiciones tropicales de la región permiten que la agricultura se desarrolle de manera continua y favorecen la proliferación del hongo.
  • El patógeno: Pseudocercospora fijiensis, perfectamente adaptado a los climas tropicales, se mantiene activo todo el año.

Ciclo de producción del banano

El banano es un cultivo anual-perenne: una planta se siembra y da frutos en menos de un año, mientras que en la misma plantación conviven distintas generaciones de plantas, lo que permite mantener altos niveles de productividad. “El sistema sigue bajo un patrón de aplicación continua a lo largo del tiempo”, afirma Astua. Además, en una misma plantación coexisten plantas en crecimiento, floración, llenado de fruto y cosecha, interactuando simultáneamente, lo que hace que el manejo sanitario de la Sigatoka negra sea más complejo.

“La resistencia se da por un cambio hereditario de una célula fungosa o de una población de hongos, resultando en una sensibilidad menor a lo normal”

Fases de la enfermedad/ Foto: Internet
Fases de la enfermedad/ Foto: Internet

El hongo

El hongo Pseudocercospora fijiensis está bien establecido en zonas tropicales y subtropicales y provoca lesiones necróticas en las hojas. Cuando estas se exponen a humedad —ya sea lluvia o rocío— liberan el inóculo primario de la enfermedad. “Si perdemos la cantidad de hojas funcionales, afectamos de forma directa el peso y la calidad de la fruta”, explica Astua.

La enfermedad se encuentra en distintos estadios al mismo tiempo: una fracción en despoblación, otra infectando, otra reproduciéndose y otra en fase presintomática de incubación. “Esto obliga a que el programa de control sea muy bien dirigido, porque se debe controlar todos los estadios del hongo y al mismo tiempo estar prevenido ante nuevas infecciones que puedan causar daño en las plantaciones”, señala. El hongo tiene dos vías de reproducción: la sexual, mediante ascosporas, y la asexual, la reproducción común.

Influencia del clima

La expresión de la enfermedad está íntimamente ligada al clima. Por ello, el control con fungicidas debe realizarse de forma técnica, planificada y responsable. Una mala estrategia no solo disminuye la eficacia del control, sino que acelera la resistencia de Pseudocercospora fijiensis. “El uso de fungicidas debe formar parte de un manejo integrado de la enfermedad y no basarse únicamente en aplicaciones repetitivas”, enfatiza Astua.

Monitoreo previo del cultivo

Antes de aplicar cualquier producto, es fundamental evaluar el estado sanitario del bananal mediante:

  •         Revisión periódica de hojas jóvenes y adultas.
  •         Determinación del nivel de severidad de la enfermedad.
  •         Identificación del momento oportuno de intervención.

El monitoreo previene aplicaciones innecesarias, reduce costos y disminuye la presión de selección sobre el patógeno.

Origen de la resistencia

“La resistencia se da por un cambio hereditario de una célula fungosa o de una población de hongos, resultando en una sensibilidad menor a lo normal”, explica Astua. “Esto quiere decir que si el hongo desarrolla mutaciones genéticas para generar resistencia, tiene la capacidad de heredarlas a las próximas generaciones, y el efecto se da sobre una población, no sobre cepas específicas”.

El parámetro EC50, que mide la concentración de fungicida capaz de inhibir el crecimiento del hongo en un 50%, es un indicador clave para evaluar la sensibilidad del patógeno.

Conclusión

El control de la Sigatoka negra no depende de “aplicar más”, sino de aplicar mejor. Un manejo responsable de los fungicidas, basado en monitoreo, rotación de principios activos y aplicación correcta, permite mantener la eficacia de los productos, proteger la productividad del cultivo y asegurar la sostenibilidad del banano a largo plazo.

Fuente:  Ricardo Astua
Redacción: Publiagro