
La Unión Europea anuncia un nuevo paquete de apoyo económico que vuelve a poner sobre la mesa la sustitución de cultivos ilícitos. La experiencia del pasado deja lecciones clave para evaluar si esta vez el modelo puede funcionar
El anuncio de la Unión Europea de inyectar 11 millones de euros a Bolivia para la conservación ambiental, la lucha contra el cambio climático y la promoción de cultivos alternativos a la coca reabre un debate histórico: ¿es posible sustituir la hoja de coca destinada al narcotráfico por actividades agrícolas legales que sean realmente rentables para los productores?
El director del Servicio Europeo de Acción Exterior para las Américas, Pelayo Castro, explicó que estos recursos serán desembolsados al Tesoro General de la Nación con un enfoque integral, que incluye protección ambiental y alternativas productivas. A esto se suma un convenio adicional de 3 millones de euros con la UNODC para fortalecer la lucha contra el tráfico ilícito de drogas, además de otros fondos destinados a energía verde e interconexión eléctrica.
Más allá de la cifra, el elemento central del anuncio es la reaparición del concepto de desarrollo alternativo, una política que Bolivia ya ensayó hace más de tres décadas.
La experiencia de Jaime Paz Zamora: expectativas altas, resultados limitados
Durante el gobierno de Jaime Paz Zamora (1989-1993), Bolivia impulsó programas de sustitución de cultivos en regiones cocaleras, principalmente en el Chapare. La estrategia buscaba ofrecer a los productores opciones legales como banano, piña, palmito, café, cacao, arroz y cítricos, además de proyectos forestales y pecuarios.
Con financiamiento internacional —principalmente de Estados Unidos y organismos multilaterales— se invirtió en caminos, asistencia técnica y compensaciones económicas por erradicación voluntaria. En el papel, el modelo apostaba por una transición gradual y sin represión directa.
Sin embargo, los resultados fueron parciales y frágiles. La superficie de coca disminuyó en algunos periodos, pero muchos agricultores regresaron al cultivo ilícito por una razón simple: la coca garantizaba ingreso rápido, mercado asegurado y menor riesgo comercial frente a productos legales que sufrían por transporte caro, falta de compradores y precios inestables.
La lección fue clara: sin mercados sólidos, logística eficiente y precios competitivos, la sustitución de cultivos queda en el plano social, pero no se consolida como negocio agrícola.
El nuevo respaldo europeo: un giro ambiental y productivo
El enfoque actual de la Unión Europea introduce un matiz distinto: ya no se habla solo de erradicación o sustitución, sino de conservación ambiental y adaptación al cambio climático. La idea es promover sistemas productivos compatibles con la protección de bosques, el manejo sostenible del suelo y energías limpias.
Esto abre la puerta a rubros como:
- cacao amazónico certificado,
- café de altura,
- frutas tropicales,
- sistemas agroforestales,
- producción orgánica y con valor agregado.
La apuesta europea no se limita al agro: también incluye proyectos solares en Vinto y Patacamaya, y apoyo a energías verdes, lo que refuerza una visión de desarrollo territorial más amplia.
“El respaldo europeo a los cultivos alternativos revive una estrategia aplicada en los años 90: ¿puede Bolivia convertirla ahora en una política sostenible y rentable para el productor?”

¿Rodrigo Paz puede capitalizar el legado de su padre?
La figura de Rodrigo Paz Zamora, hijo del expresidente, vuelve a poner sobre la mesa el debate político sobre la coca y sus alternativas. Aunque no existe aún un programa concreto anunciado, el contexto internacional es distinto: hoy hay mayor demanda por productos sostenibles, trazables y con certificación ambiental.
A favor de una nueva etapa juegan:
- mayor conocimiento técnico sobre cadenas productivas,
- mercados especializados en Europa y Asia,
- tecnologías digitales para trazabilidad y comercialización,
- enfoque ambiental alineado con la cooperación externa.
En contra siguen pesando los mismos factores estructurales:
- baja rentabilidad inicial de cultivos legales,
- debilidad institucional en zonas productoras,
- presión del mercado ilegal,
- inseguridad jurídica para inversiones.
Un dilema que sigue abierto
La pregunta de fondo no es si se pueden sembrar cultivos alternativos, sino si estos pueden competir económicamente con la coca. La historia demuestra que los programas funcionan mientras hay cooperación externa, pero se debilitan cuando el productor vuelve a comparar precios y riesgos.
El nuevo apoyo europeo puede marcar una diferencia si se combina con:
- infraestructura productiva real,
- acceso a mercados internacionales,
- agroindustria local,
- y seguridad jurídica.
De lo contrario, la estrategia corre el riesgo de repetir el ciclo de los años 90: buenos proyectos, buenos discursos, pero poca sostenibilidad económica.
La Unión Europea vuelve a apostar por el desarrollo alternativo en Bolivia. El antecedente del gobierno de Jaime Paz Zamora muestra que la intención fue correcta, pero los resultados no lograron consolidarse. Hoy, con un contexto climático y comercial distinto, el desafío es transformar la sustitución de cultivos en negocio rural rentable, no solo en política social.
La pregunta queda abierta: ¿está Bolivia ante una segunda oportunidad real para cambiar la economía de la coca… o solo ante un nuevo capítulo de un viejo experimento?

Redacción: Publiagro













