Humedad, lluvias y estrés de la planta favorecen su propagación; el control con bactericidas a base de cobre es clave para proteger los cultivos

La presencia de mancha aureolada comienza a generar preocupación en los cultivos de soya, luego de evidenciarse sus efectos en parcelas productivas, donde esta enfermedad bacteriana provoca lesiones visibles y puede comprometer el rendimiento del cultivo. El ingeniero Andrés Aguirre, asesor agrícola brasileño, mostró los daños ocasionados por esta enfermedad en plantas que alcanzan hasta 1,30 metros de altura, correspondientes a una variedad de semilla proveniente de Argentina.

Según explicó el especialista, la enfermedad se manifiesta inicialmente como manchas amarillas en las hojas, las cuales avanzan progresivamente y afectan el desarrollo normal de la planta. “La gran incidencia puede traer problemas, las manchas crecen y se unen llegando a secar las hojas que se caen prematuramente”, advirtió Aguirre.

Enfermedad bacteriana frecuente en Sudamérica

La mancha aureolada es causada por la bacteria Pseudomonas syringae pv. glycinea y es considerada una enfermedad frecuente en las principales zonas productoras de Sudamérica. Puede presentarse desde etapas iniciales del cultivo hasta fases reproductivas, especialmente cuando se registran condiciones ambientales favorables.

Su desarrollo responde principalmente a la combinación de la presencia de la bacteria, condiciones climáticas adecuadas y factores que facilitan su ingreso a la planta.

Factores que favorecen su aparición

Entre los principales factores que favorecen esta enfermedad se encuentran la alta humedad y las lluvias frecuentes, que contribuyen a la multiplicación y dispersión del patógeno entre plantas. Asimismo, las temperaturas moderadas, especialmente entre 18 y 26 grados centígrados, crean un ambiente propicio para su propagación, siendo más común en campañas húmedas.

“La gran incidencia puede traer problemas, las manchas crecen y se unen llegando a secar las hojas que se caen prematuramente”

Las hojas quedan completamente amarillas y se caen/ Foto: Internet
Las hojas quedan completamente amarillas y se caen/ Foto: Internet

También influyen los vientos fuertes y el granizo, que provocan heridas en los tejidos vegetales y facilitan el ingreso de la bacteria. La utilización de semilla infectada constituye otra fuente importante de contaminación inicial, al igual que el exceso de nitrógeno, que genera tejidos más susceptibles.

A esto se suma el estrés del cultivo provocado por heladas, daños mecánicos o déficit hídrico, condiciones que debilitan la planta y facilitan el desarrollo de la enfermedad.

Impacto en la producción

El impacto de esta enfermedad no solo afecta la apariencia de la planta, sino también su productividad. La infección reduce la capacidad fotosintética, debido a la disminución del área verde, lo que limita la producción de energía.

Como consecuencia, se presenta una menor formación de vainas y un deficiente llenado de granos. En casos severos, también se observan manchas oscuras en las vainas y una mala formación de los granos.

Las pérdidas productivas pueden variar entre un 5% y un 10% en niveles leves, pero en situaciones más críticas pueden superar el 20%, afectando directamente la rentabilidad del productor.

Manejo y control en campo

Los especialistas advierten que, una vez que la bacteria infecta la planta, no puede eliminarse completamente, por lo que el manejo se enfoca en frenar su avance.

El principal método de control en cultivos en producción es la aplicación de bactericidas a base de cobre, como hidróxido de cobre, oxicloruro de cobre o sulfato de cobre. Estos productos permiten detener el progreso de la enfermedad y proteger las hojas sanas, aunque no tienen efecto curativo sobre los tejidos ya afectados.

En ese sentido, el monitoreo permanente y la aplicación oportuna de medidas de manejo resultan fundamentales para reducir el impacto de esta enfermedad y evitar pérdidas significativas en la producción de soya.

Redacción: Publiagro