Sin acceso a eventos biotecnológicos modernos, el país produce hasta 30% menos que sus vecinos del Mercosur. La brecha no es solo tecnológica: es económica, productiva y estratégica

Bolivia podría incrementar su producción de soya hasta en 30% sin ampliar superficie cultivada si accede a eventos de biotecnología ya utilizados en países del Mercosur. La afirmación se respalda en estudios técnicos y en comparaciones regionales que muestran una brecha clara de productividad: mientras Brasil, Argentina y Paraguay rondan las 3 toneladas por hectárea, Bolivia apenas alcanza cerca de 2 toneladas. Esa diferencia no es menor; define cuánta rentabilidad tiene el productor, cuántas divisas genera el país y qué tan competitivo es el agro nacional frente al mercado internacional.

Un estudio de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, publicado en agosto de 2024, señala que la incorporación de eventos biotecnológicos de última generación permitiría elevar los rendimientos de soya de unas 2,2 toneladas por hectárea a cerca de 3 toneladas. Ese salto productivo se traduciría en un mayor excedente exportable hacia 2030 y en un impacto directo sobre la economía nacional. “Esa mayor productividad permitiría generar hasta 2.000 millones de dólares en divisas y fortalecer la seguridad alimentaria nacional”, afirmó Abraham Nogales, presidente de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo.

Hoy, la soya es uno de los pilares del agro boliviano, pero su desempeño está condicionado por limitaciones tecnológicas. En países vecinos, la adopción de semillas con resistencia a insectos, tolerancia a herbicidas y adaptación a estrés climático permitió estabilizar rendimientos y reducir pérdidas. En Bolivia, la falta de nuevos eventos aprobados mantiene al productor expuesto a plagas, malezas y variabilidad climática, con mayores costos y menor productividad.

“Con biotecnología, Bolivia podría sumar hasta 2.000 millones de dólares en divisas y alcanzar rendimientos similares a Brasil, Argentina y Paraguay, pero el rezago normativo mantiene al productor en desventaja”

Los campos agrícolas necesitas de la biotecnología / Foto: Anapo
Los campos agrícolas necesitas de la biotecnología / Foto: Anapo

Rendimientos promedio de soya (t/ha)

Eventos biotecnológicos habilitados (soya y maíz)

La diferencia no solo se refleja en el campo, sino en la balanza comercial. Mientras Brasil lidera exportaciones globales de soya, Bolivia pierde competitividad en costos y volumen. La brecha tecnológica se convierte en brecha económica: menos producción por hectárea significa menor margen para el productor y menor aporte en impuestos, empleo rural y divisas.

Del 26 al 28 de febrero, la Exposoya reunirá a unos 9.000 productores para mostrar cómo la tecnología y las prácticas agrícolas sostenibles pueden mejorar productividad y competitividad. Para los técnicos del sector, la biotecnología no es solo una herramienta productiva, sino una estrategia para enfrentar el cambio climático y la presión sobre los recursos naturales: producir más con menos suelo, menos agua y menos agroquímicos.

¿Por qué Bolivia aún no accede plenamente a la biotecnología?

El principal freno no es técnico, sino normativo y político. Bolivia mantiene una regulación restrictiva sobre eventos transgénicos, con procesos de aprobación lentos y escasa actualización frente al avance regional. Mientras el Mercosur incorporó decenas de eventos en los últimos 15 años, Bolivia quedó rezagada con materiales antiguos.

Los expertos estiman que, si hoy se liberarán nuevos eventos, el país tardaría entre 5 y 8 años en cerrar la brecha con Brasil y Argentina, considerando procesos de adaptación, capacitación técnica y renovación de semillas. Es decir, incluso con una decisión inmediata, el impacto pleno no sería instantáneo, pero permitiría iniciar un camino de convergencia productiva.

La discusión de fondo no es ideológica, sino estratégica. En un contexto de mayor demanda global de alimentos, presión climática y competencia regional, Bolivia enfrenta una disyuntiva: mantener un modelo con rendimientos bajos o apostar por una agricultura tecnificada que genera empleo, divisas y estabilidad productiva. La biotecnología no garantiza por sí sola el éxito, pero sí es una condición necesaria para que el país juegue en la misma liga que sus vecinos del Mercosur.

Hoy, la soya boliviana produce menos por hectárea, exporta menos y compite en desventaja. Con la biotecnología, podría igualar rendimientos, reducir costos y convertir la brecha tecnológica en una oportunidad económica. La semilla del cambio está disponible; falta la decisión para sembrarla.

Redacción: Publiagro