Costos en alza, cierre de unidades productivas y una franja de precios vigente desde 2012 presionan a un sector clave para la seguridad alimentaria del país

La frase es dura, pero resume el momento que vive el rubro: “el sector lechero boliviano se nos muere”. Así lo afirmó Juan Manuel Rojas, presidente de Federación Departamental de Productores de Leche de Santa Cruz (Fedeple), al advertir que la producción nacional y departamental viene cayendo de forma sostenida en los últimos cinco años, en un contexto de precios regulados y costos crecientes.
Según los datos del sector, Santa Cruz —principal cuenca lechera del país— redujo su producción en un 28% en el último quinquenio, lo que equivale a unos 351 millones de litros menos. En paralelo, alrededor del 25% de los productores dejó la actividad, es decir, más de 200 unidades productivas cerraron sus puertas. A nivel nacional, la producción se contrajo cerca del 30% en el mismo periodo, un ritmo que compromete el abastecimiento futuro.
Radiografía productiva
Santa Cruz concentra buena parte de la leche que consume Bolivia, con zonas productoras en municipios como Warnes, Pailón, Okinawa, San Julián y los valles del norte integrado. Del total producido, se estima que entre el 60% y 65% se destina a leche fluida para consumo directo, mientras que el resto se transforma en quesos, yogures y otros derivados, tanto en plantas industriales como en pequeñas queserías artesanales.
La actividad lechera cruceña está compuesta mayoritariamente por pequeños y medianos productores, con hatos que oscilan entre 20 y 200 vacas en ordeño. Su rentabilidad depende de un delicado equilibrio: precio pagado por litro versus costo de alimentación, sanidad, energía y mano de obra. Cuando ese equilibrio se rompe, la salida suele ser reducir el hato o abandonar la producción.
Rojas sostiene que hoy se produce prácticamente el mismo volumen que en 2012, año en que se instauró la franja de precios para la leche cruda. “La medida se presentó como protección al consumidor, pero terminó haciendo inviable la actividad”, señala el dirigente.
Insumos más caros, márgenes más chicos
El principal golpe a la estructura de costos proviene del encarecimiento de los insumos. Entre los más afectados están:
- Alimento balanceado y granos (maíz, soya): incrementos acumulados de entre 30% y 60% en los últimos años, impulsados por factores climáticos, menor oferta local y precios internacionales.
- Fertilizantes y agroquímicos: subas que superan el 40%, especialmente en productos importados.
- Medicamentos veterinarios y biológicos: aumentos de 25% a 50%, con impacto directo en sanidad y productividad.
Combustibles, energía y transporte: mayores costos logísticos para llevar la leche a las plantas y distribuir insumos.

“La producción lechera cruceña retrocede a niveles de hace más de una década, mientras productores advierten que sin liberar la banda de precios el abastecimiento futuro está en riesgo”


En un sistema donde el precio del litro de leche está prácticamente congelado, estos aumentos reducen el margen del productor hasta volverlo negativo. El resultado es menos inversión en genética, alimentación y manejo, lo que se traduce en menor producción por vaca y mayor descarte de animales.
¿Qué implica liberar la banda de precios?
La franja de precios fija un rango máximo y mínimo para el litro de leche pagado al productor y para el precio al consumidor. Liberarla significa que el valor se forme por oferta y demanda.
Para el productor:
- Permitirá que el precio refleje los costos reales.
- Podría incentivar la permanencia y el retorno de productores que hoy están al borde del cierre.
- Facilitaría inversiones en tecnología y productividad.
Para la población:
- En el corto plazo, el precio de la leche podría subir moderadamente.
- En el mediano plazo, una mayor producción estabilizaría el mercado y evitaría desabastecimientos.
- Se reduciría el riesgo de depender de importaciones o sustitutos.
Desde Fedeple, el argumento es claro: mantener un precio artificialmente bajo hoy puede generar escasez mañana. “Si seguimos así, no habrá qué regular”, advierten.
Perspectiva del sector
El conflicto no es solo económico, también es estratégico. La leche es un alimento básico y un pilar de la seguridad alimentaria. Si la producción nacional sigue cayendo, Bolivia podría verse obligada a importar mayores volúmenes de leche en polvo o derivados, con impacto en la balanza comercial y en el precio final al consumidor.
Los productores insisten en que han buscado diálogo con autoridades, pero sin resultados concretos. Para ellos, liberar la banda de precios no es una medida política, sino una decisión técnica para salvar al sector.
La advertencia es directa: si no se corrige el modelo actual, el cierre de tambos continuará. Y con cada productor que abandona la actividad, se pierde empleo rural, se reduce la oferta y se debilita una cadena productiva que tarda años en reconstruirse. En ese escenario, la frase que hoy suena como alerta podría convertirse en realidad.

Redacción: Publiagro














