Milton Suárez (28) es parte de esa generación de jóvenes bolivianos que prefiere el cobro por QR antes que el efectivo

Él es dueño de una pequeña imprenta digital y de un estudio de diseño en el centro de Santa Cruz, específicamente en la calle Junín. Él veía su primera tarjeta de crédito con recelo. “Me daba miedo que los intereses se comieran la poca ganancia de mis primeros trabajos”, confiesa.

Sin embargo, asesorado por un oficial de crédito, aplicó una estrategia inteligente: utilizó la tarjeta exclusivamente para la compra de suministros, como tóner, papeles especiales y repuestos de plotters, aprovechando algunos descuentos, sobre todo en compras por internet. Milton pagaba el monto total de su extracto cada mes mediante transferencias bancarias digitales, sin dejar pasar ni un solo día desde la fecha de vencimiento.

Tres años después, su historial ante la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) era impecable. Cuando surgió la oportunidad de adquirir una prensa digital de alta producción para expandir su negocio, Milton no tuvo que buscar garantes personales ni hipotecar bienes familiares. Su comportamiento con la tarjeta fue su mejor carta de presentación. Gracias a esa disciplina, el banco le otorgó un crédito productivo con condiciones preferenciales. Su tarjeta no fue un gasto, fue la herramienta que validó su capacidad de pago ante el sistema.

Esta es una de tantas historias que se encuentran en las calles de Bolivia. Sin embargo, la palabra “crédito” suele suscitar dos reacciones opuestas: la esperanza de quien busca progresar y el temor de quien no desea encadenarse a una deuda. En la era de la banca digital, el concepto de dinero ha evolucionado. Ya no se trata solo de lo que tienes en el bolsillo, sino de lo que el sistema financiero dice de ti.

Según datos recientes de la ASFI, al cierre de la gestión 2025, el sistema alcanzó un hito histórico: casi 1,94 millones de prestatarios forman parte de una maquinaria económica cuya cartera de créditos crece a un ritmo del 3,3 % anual en relación con la variación interanual respecto al mismo periodo del año anterior. En este ecosistema, la tarjeta de crédito ha dejado de ser un lujo de pocos para convertirse en el primer peldaño de la denominada “riqueza crediticia”.

¿Qué es la “Riqueza Crediticia” y por qué importa?

La riqueza crediticia no es tener la cuenta llena de ceros; es tu reputación transformada en números. En Bolivia, la banca privada maneja una cartera superior a 29.000 millones de dólares. Esa gigantesca montaña de recursos no se reparte al azar; se canaliza a quienes han demostrado ser socios confiables.

Los bancos utilizan algoritmos y el historial de la Central de Información de Riesgos de la ASFI para determinar quiénes son aptos para un préstamo. Cada vez que utilizas tu tarjeta de crédito y pagas puntualmente, estás “comprando” confianza. A largo plazo, esa confianza se traduce en tasas de interés más bajas y en procesos de aprobación más rápidos para créditos de vivienda social o de inversión productiva. Es, en esencia, un activo invisible que crece con cada pago responsable.

Siete pasos para que tu tarjeta trabaje por ti

Para que una tarjeta de crédito sea una aliada y no una carga, es fundamental dominar sus reglas de juego. Aquí tienes la hoja de ruta para gestionar tu salud financiera:

  1. Paga el total, nunca el mínimo: El pago mínimo es una trampa de deuda. Al pagar el total, demuestras una solvencia real y evitas cargos de interés que pueden descontrolarse.
  2. La Regla del 30 %: Los analistas de riesgo valoran positivamente a quienes no agotan su límite. Si tu tarjeta tiene un cupo de 10.000 bolivianos, intenta no usar más de 3.000. Esto indica que tienes control sobre tus finanzas.
  3. Usa el QR para pagar tu tarjeta: Ya no hay excusas para la mora. Hoy, el 92 % de los pagos digitales en Bolivia se realizan mediante código QR (según el boletín de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia – ASOBAN, correspondiente al primer semestre de 2025). Puedes pagar con tu tarjeta desde tu celular en el momento exacto en que recibes el pago de un cliente.
  4. Aprovecha los “días de gracia”: Si conoces tu fecha de corte y realizas tus compras más fuertes el día siguiente, ganas casi 50 días para pagar ese monto sin que te cueste un centavo de interés.
  5. La puntualidad es sagrada: Un solo día de retraso genera una mancha en tu historial. Configura recordatorios o débitos automáticos para proteger tu calificación.
  6. No es dinero extra: Es un préstamo de corto plazo. Si no tienes el dinero en tu cuenta de ahorros para cubrir la compra hoy mismo, es mejor no pasar la tarjeta.
  7. Revisa tu extracto digital: Es la radiografía de tu comportamiento. Analizar en qué gastas te ayuda a detectar fugas de dinero y a planificar mejor tu crecimiento.
Fuente: el comunicador Jichi
Fuente: el comunicador Jichi

«Los bancos utilizan algoritmos y el historial de la Central de Información de Riesgos de la ASFI para determinar quiénes son aptos para un préstamo”

El caso de la familia Quispe

El acceso al crédito es un viaje que transforma vidas. En una entrevista exclusiva con Marco Quispe, un padre de familia de pocos recursos económicos ubicada en El Alto, nos compartió cómo el buen uso del crédito reivindicó la tarjeta como herramienta poderosa para el progreso. Desde ese punto de vista, analizaremos cómo la familia alteña utilizó el sistema para obtener su casa propia:

  • Fase de Construcción: El primer año, los Quispe sacaron su primera tarjeta con un límite bajo. La usaron exclusivamente para pagar servicios fijos: internet, luz y agua de manera mensual. Pagos 100 % puntuales.
  • Fase de Consolidación: Al segundo año, el sistema los identificó como clientes de bajo riesgo. El banco les ofreció un crédito de consumo para mejorar el equipamiento de su hogar alquilado. Con todo esto, siguieron demostrando una conducta ejemplar.
  • El Salto Final: Con un historial de puntualidad de cuatro años, la familia solicitó un Crédito de Vivienda de Interés Social. El oficial de crédito fue contundente: “Ustedes ya han demostrado durante años que saben manejar el dinero del banco”. Hoy, los Quispe no pagan alquiler; pagan la cuota de su propio techo. Su riqueza crediticia construyó su hogar.

El terreno fértil del crédito en Bolivia

Hablemos de datos estructurales. La estabilidad del sistema financiero boliviano se apoya en una baja tasa de mora y en una creciente confianza de los usuarios en la banca digital. “En 2023 se administraron mensualmente 104.000 tarjetas de crédito/prepago y en débito 2,9 millones de tarjetas, estimando un crecimiento del 8 % para la gestión 2024”, según Mauricio Zegarra, gerente general de Linkser S.A. al ser consultado por un medio local; esto indica que el país vive una transición hacia la formalización financiera.

El crédito no es solo un producto bancario; es un motor de desarrollo. Permite que emprendedores como Milton o familias como la de Marco Quispe dejen de ahorrar durante décadas para comprar algo al contado y, en su lugar, puedan disfrutar y producir mientras pagan. Esta dinámica inyecta liquidez a la economía nacional y fomenta la creación de empleo y patrimonio.

Fact-checking financiero

A continuación, se grafica una infografía con algunos mitos y realidades de las tarjetas de crédito:
Fuente: el comunicador Jichi

Fuente: el comunicador Jichi

El crédito como herramienta de libertad

El acceso al crédito debe considerarse una herramienta democrática de progreso y Bolivia cada vez está más conectada, puesto que el pago por QR facilita la vida diaria; el reto es pasar del uso impulsivo al estratégico. Eso sí, en un contexto donde la mora ronda el 3,2 %, la disciplina es clave para evitar impactos negativos.

La riqueza en el siglo XXI no se mide solo en los bienes físicos acumulados, sino también en la solvencia de tu palabra escrita en los registros financieros del país. Al aprender a usar una tarjeta de crédito con maestría, también diseñas tu propio destino económico; así lo entendieron tanto Milton como la familia Quispe. Ambos pavimentaron su futuro mediante el uso adecuado del crédito. Ayer fueron ellos, pero hoy puede ser cada ciudadano suscrito al sistema financiero boliviano. Dejar que el buen comportamiento financiero hable por cada uno es también abrir las puertas al futuro que se desea construir.

Fuente: El comunicador Jichi