
Especialista destaca la importancia del agua, el viento y el correcto ajuste de máquinas y drones.
En la aplicación de productos agrícolas, gran parte del éxito no depende únicamente del equipo o del producto utilizado, sino de un paso previo que muchas veces es subestimado: la correcta preparación de la mezcla. Conocer cómo formular adecuadamente una solución de aplicación es fundamental para asegurar que cada gota cumpla su función en el campo, especialmente cuando se trabaja con menores volúmenes de agua, donde los márgenes de error se reducen de manera significativa y cualquier falla técnica puede impactar directamente en la eficacia del tratamiento.
Una mezcla mal preparada puede generar múltiples inconvenientes, entre ellos pérdidas de eficiencia, incompatibilidades entre productos, obstrucciones en el sistema de aplicación y fallas en el control del objetivo. Por el contrario, una preparación técnicamente correcta —que considere aspectos clave como la calidad del agua, el orden de incorporación de los productos, las dosis exactas y el uso adecuado de coadyuvantes— permite mejorar la estabilidad de la mezcla, optimizar la distribución del producto y potenciar su eficacia en campo, aun cuando se utilicen menores volúmenes de agua por hectárea.
En este sentido, Alan MacCracken, ingeniero agrónomo, señala que para obtener mejores resultados es fundamental prestar atención a cada detalle del proceso previo a la aplicación. Destaca la importancia de seleccionar productos que sean compatibles entre sí, lograr una mezcla homogénea y asegurar que tanto la máquina como el dron estén correctamente ajustados, de manera que la aplicación se realice de la mejor forma posible y el producto llegue efectivamente al blanco.
Respetar las dosis recomendadas por los fabricantes, seguir el orden correcto de incorporación de los productos, mantener una adecuada agitación durante la preparación y utilizar coadyuvantes de manera racional permiten mejorar la adherencia, la cobertura y la penetración del producto en el cultivo. Una mezcla mal formulada, en cambio, no solo reduce la eficacia del tratamiento, sino que también puede provocar daños en los equipos de aplicación y aumentar los costos operativos.
En cuanto a la cantidad de agua utilizada, los especialistas coinciden en que más volumen no siempre se traduce en mejores resultados. Las aplicaciones de bajo o ultra bajo volumen exigen mayor precisión técnica, pero ofrecen una cobertura eficiente cuando se controlan variables como el tamaño de gota, la presión de trabajo y la velocidad de avance. El objetivo central es que el producto llegue al blanco en la dosis correcta, con buena distribución y en el momento oportuno.
«Por ejemplo con el dron siempre volando con viento cruzado porque mejora la uniformidad de solución y penetración dentro de los cultivos»

“El agua se debe usar lo menos posible en la mezcla con los químicos que funcionan mejor con menos agua, la efectividad de un agroquímico depende de la concentración”.
Otro factor clave durante la aplicación es el viento, que juega un papel determinante al influir directamente en la dirección, el alcance y la deposición de las gotas sobre el objetivo. Un manejo inadecuado de esta variable puede provocar deriva, pérdidas de producto, menor eficacia del tratamiento y riesgos tanto para cultivos vecinos como para personas y el medio ambiente.
Cuando la velocidad del viento es elevada, las gotas —especialmente las más finas— pueden desplazarse fuera del área objetivo, reduciendo la cantidad de producto que efectivamente llega al cultivo y generando aplicaciones desuniformes. Esta situación no solo compromete el control de plagas, enfermedades o malezas, sino que también incrementa el desperdicio de insumos y eleva los costos de producción.
“Por ejemplo con el dron siempre volando con viento cruzado porque mejora la uniformidad de solución y penetración dentro de los cultivos”.
La aplicación con maquinaria terrestre requiere una correcta calibración del equipo, una adecuada selección de boquillas, control de presión y uniformidad de avance para garantizar una cobertura eficiente. En el caso de la aplicación con drones, se suman factores específicos como la altura de vuelo, el ancho de franja, la velocidad de desplazamiento, el flujo de aire generado por las hélices y las condiciones climáticas, especialmente el viento y la temperatura, que influyen directamente en la deriva y la evaporación de las gotas.
Finalmente, el éxito de una buena aplicación está estrechamente ligado a la capacitación del personal, a la correcta elección del momento de aplicación según las condiciones ambientales y al cumplimiento de las buenas prácticas agrícolas. Una aplicación bien planificada no solo mejora la eficiencia del producto, sino que también optimiza costos, reduce riesgos y contribuye a una agricultura más sostenible, responsable y alineada con las exigencias productivas actuales.


Fuente: Alan MacCracken
Redacción: Publiagro













