Expertos recomiendan evaluar malezas hospederas y aplicar estrategias integradas para mantener la calidad del cultivo

Foto: El Clarín

El pulgón amarillo (Schizaphis graminum) se ha convertido en una de las plagas más preocupantes para los productores de sorgo en diversas regiones de Bolivia. Su presencia, aunque pequeña a simple vista, puede generar daños significativos, afectando tanto el rendimiento como la calidad del cultivo. Este insecto se alimenta de la savia de las plantas, debilitando los tallos y hojas, y en muchos casos transmitiendo virus que comprometen el desarrollo de los cultivos.

Henry Luis Vargas, técnico de campo, indica que los agricultores deben prestar especial atención durante las etapas iniciales y de macollamiento del sorgo, ya que la infestación temprana puede reducir drásticamente la productividad y, en consecuencia, los ingresos de las familias que dependen de este cultivo. Según Vargas, “la identificación oportuna del pulgón amarillo, junto con estrategias de manejo integrado que combinen métodos culturales, biológicos y químicos, resulta crucial para minimizar el impacto de esta plaga en los campos de sorgo”.

Dentro de la entomología del pulgón amarillo se caracteriza que algunos individuos son alados y otros no, y esta plaga se considera explosiva dentro del cultivo de sorgo, generando problemas desde hace más de 12 años en todas las zonas productoras del país. “Nosotros tratamos de orientar al productor sobre cómo, cuándo y dónde tiene que empezar el manejo para controlar la población de pulgón amarillo en cultivo de sorgo”, señala Vargas.

“Creer que si hacemos hasta cinco aplicaciones se obtendrán mejores rendimientos es incorrecto”

Control y manejo de la plaga

Según el especialista, el inicio del control comienza con evaluaciones tempranas en malezas hospederas y antes de la siembra. Posteriormente, se realizan evaluaciones post-siembra en el cultivo de sorgo, tanto en los bordes como dentro de los lotes. Vargas recomienda prestar especial atención a malezas hospederas como capín sudán en la zona este, arrocillo, maicillo y otras presentes dentro del lote, que facilitan la proliferación del pulgón amarillo.

En cuanto a las aplicaciones, Vargas advierte que estas deben definirse en función de las primeras detecciones, ya sea antes o durante los primeros estadios del cultivo. “Creer que si hacemos hasta cinco aplicaciones se obtendrán mejores rendimientos es incorrecto”, aclara. El monitoreo temprano permite reducir el número de aplicaciones necesarias, logrando un mayor control sobre la plaga y mejores producciones.

Daños al cultivo de sorgo

El daño más significativo que provoca el pulgón amarillo es la inhibición del panojamiento, un proceso vital para el desarrollo del cultivo. Según Vargas, “prácticamente no se desarrolla el panojamiento, queda quieto y lo que se observa en campo y en todas las evaluaciones realizadas es que el daño que ocasiona es visual”. Con un manejo adecuado, se puede superar hasta un 90% de panojamiento, en comparación con un cultivo sin control, donde solo se logra entre 10 y 15% de desarrollo del panojamiento.

En conclusión, el pulgón amarillo representa una amenaza constante para la producción de sorgo en Bolivia. La combinación de detección temprana, monitoreo constante y estrategias de manejo integrado se presenta como la mejor alternativa para minimizar pérdidas, proteger la calidad del cultivo y asegurar la rentabilidad de los productores en las zonas afectadas.

Fuente: Henry Luis Vargas

Redacción: Publiagro