En el ámbito de la salud animal y la producción agropecuaria, los simbióticos —una combinación sinérgica de probióticos y prebióticos— han ganado protagonismo como una estrategia efectiva para mejorar la salud intestinal. Tradicionalmente, su uso se ha vinculado con la exclusión competitiva de microorganismos patógenos, una función esencial en la prevención de enfermedades. Sin embargo, como explica la doctora Flávia Porto, especialista en nutrición animal, “existen investigaciones recientes y experiencias de campo que han demostrado que los simbióticos van mucho más allá de esta barrera defensiva inicial”.
Actualmente, los simbióticos se reconocen por su capacidad de modular el sistema inmunológico, mejorar la absorción de nutrientes, favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal y contribuir al bienestar general del animal. Este enfoque más integral los posiciona como una herramienta clave en los sistemas de producción sostenibles y libres de antibióticos, adaptados a las nuevas exigencias tanto del mercado como de la salud pública.
En lo que respecta al uso de probióticos, la doctora Porto destaca que “si son utilizados en la indicación adecuada, generan beneficio en toda la cadena de proteína animal, y cuando se hace uso de esto de manera muy estratégica y no como una tendencia, se logran muchos resultados”.

«Es necesario salir un poco más de lo que es lo justo de los productos y pensar en elegir la indicación adecuada, la estrategia que deseamos adquirir para que se logren resultados sostenibles para toda la cadena de producción de proteínas”


La correcta elección de la cepa probiótica es determinante. Según la especialista, utilizar bacilos puede garantizar mejores resultados zootécnicos; las cepas lácticas, en cambio, contribuyen significativamente a la inmunomodulación, y las levaduras pueden ayudar en la producción de vitaminas y minerales. “Todo eso logrará en la producción muy buenos resultados”, asegura.
Porto recomienda adoptar un enfoque estratégico al seleccionar simbióticos: “Es necesario salir un poco más de lo que es justo de los productos y pensar en elegir la indicación adecuada, la estrategia que deseamos adquirir para que se logren resultados sostenibles para toda la cadena de producción de proteínas”.
¿Cómo elegir la cepa adecuada?
La doctora señala que el primer paso es siempre “reconocer las etiquetas y los proveedores que hacen la venta comercial”. El segundo paso consiste en “contactar a los equipos técnicos que asesoren lo adecuado”, seguido de una evaluación para “hacer una recuperación de las cepas prebióticas”, y finalmente, “hacer pruebas”.
A partir de este enfoque más preciso y técnico, surgen en el mercado productos innovadores como los simbióticos enzimáticos, que combinan bacterias probióticas, prebióticos y enzimas. Con esta composición, “se consigue hacer una colonización más temprana de los datos gastrointestinales de los animales, garantizando una mejor inmunomodulación y también maduración”, concluye Porto.

Fuente: Flávia Porto
Redacción: Publiagro

















